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Todo lo que no conocías del feminismo y temías preguntar

Published On 9 junio, 2017 | Noticias

“Las activistas piensan que empezaron hoy en la mañana”, dice sin tapujos la doctora Ana Lau Jaiven (Ciudad de México, 1948; es hija de inmigrantes polacos y rusos). “Hay que conocer las raíces del feminismo”.


Ana Lau Jaiven es historiadora, investigadora y profesora de la UAM Xochimilco. Foto EE: Zulleyka Hoyo

Ana Lau Jaiven es historiadora, investigadora y profesora de la UAM Xochimilco. Foto EE: Zulleyka Hoyo

Lau es historiadora, investigadora y profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco (UAM-X), una de las pioneras del estudio de la historia de las mujeres en nuestro país.

“Decir que se es feminista sigue causando ronchas porque comemos hombres. Llevamos un siglo en México luchando por los mismos derechos por los que luchamos hoy”.

¿Cuáles son esos derechos? El de regir nuestro propio cuerpo, el derecho al gozo, al aborto, al salario igual, a trabajar igual y un interminable etcétera.

Y, como Lau dice, la brega por esos derechos no empezó con la nueva generación de feministas ni con el ciberactivismo. Se remonta al mismísimo porfiriato.

La historia del feminismo podría dividirse en olas: “la primera es la del porfiriato, en el siglo XIX; la segunda es la del siglo XX, especialmente entre los 70 y 80; y hoy me parece que estamos viviendo la tercera, aunque las francesas y las anglosajonas dirían que ya vamos por la cuarta”.

El feminismo del que es hijo el actual movimiento es el de los 70, que “no nació de la nada, viene de un largo proceso de lucha”.

La doctora Lau es muy buena contando la historia del feminismo, en la que se interesó desde la licenciatura. Al tema le dedicó su tesis. Y de ahí para el real. “Soy académica, no militante, ojo, porque hay académicas que sí se identifican como militantes. Mi militancia es distinta, es académica, porque sí enseño que hay hombres y mujeres”. Es decir, que en la historia no sólo existen los héroes de bronce con bigotes a lo Zapata o Stalin: las mujeres tenemos una historia y hay que contarla.

“El feminismo tiene tres vertientes. La política: el cambio de las relaciones entre hombres y mujeres. La praxis: estar en la calle, demandar, gritar. Y la teoría: la académica, enseñar el feminismo”.

Eso, la teoría feminista, comenzó en México a finales de los 70 y se consolidó en los 80. Nació el departamento Mujer, Identidad y Poder en la UAM-X en 1984. Comenzaron esfuerzos similares en Chapingo, la ENAH y nace el Programa Universitario de Estudios de Género en la UNAM.

Pero de los estudios de género hablaremos más adelante.

No todas las feministas fueron sufragistas

Lau habla de personajes que no están en tu libro de texto de la primaria. Vamos, ni de la universidad. Como Matilde Montoya, la primera médica mexicana, graduada a finales del siglo XIX.

“Las feministas del XIX lucharon por el acceso a la educación, sobre todo a la educación superior. Pero era muy difícil porque las únicas que sabían leer y escribir eran las jóvenes de clase alta, a las que les enseñaban a tocar el piano, leer poesía y los misales”. Por eso los primeros libros feministas eran, explica, como misales, pequeños, fáciles de leer.

En aquella era decimonónica había varios periódicos. Uno era de mujeres para mujeres: Violetas del Anáhuac. “Muchas mujeres publicaron ahí pero es difícil rastrearlas históricamente porque lo hacían bajo seudónimo”.

El segundo problema: el acceso laboral. “Ni las mujeres querían ser atendidas por ginecólogas, por ejemplo”. Y entonces es cuando el movimiento feminista se vuelve político: el acceso a la ciudadanía completa: trabajo, derechos políticos y, de manera emblemática, el voto.

La lucha sufragista acompañó a la Revolución. En 1915, Hermila Galindo, aliada y secretaria particular de Carranza , propuso el voto femenino en el Congreso Constituyente. “Galindo, con el apoyo de Carranza, publicó en 1915 y 1919 La mujer moderna”, relata Lau, y dan ganas de sacar las palomitas para que cuente más.

Lo que sigue es un dato histórico fantástico: “No todas las feministas fueron sufragistas. Así como Galindo mandó su propuesta del voto al Constituyente, Inés Malváez envió la contraria: no dar el voto a las mujeres “hasta que estuvieran preparadas para votar. ¡Como si los hombres hubieran nacido votando!”, dice Lau. “Lo que Malváez buscaba era primero que las mujeres tuvieran educación”.

¿Por qué nadie cuenta esa parte de la historia? “Sí se cuenta, lo que pasa es que no lo has leído”. Lo dicho: la historia de las mujeres es terreno rico, fértil.

El paraguas del feminismo

“Yo siempre digo que el feminismo es un paraguas. Hay radicales, las que buscan la igualdad, las que defienden la diferencia, las poscoloniales y las conservadoras. Bueno, la verdad no creo que se pueda ser conservadora y feminista”, dice Lau.

La doctora es una veterana del frente feminista. “En los 70 estábamos luchando por derechos básicos. Todavía no se hablaba de los derechos humanos de las mujeres: ¡no éramos humanos todavía! Y mira, todos esos derechos de los que se hablan hoy del cuerpo, de la participación política, ya los luchábamos nosotras. Y no se han conseguido. Más de medio siglo y no los hemos conseguido”.

Al feminismo la teoría llegó de manera más o menos reciente. Lau calcula que los llamados estudios de género comenzaron en los 70 con autores como John Scott y Gayle Rubin.

En México el tema tardó unos años. En los 80 ya había instituciones —“una minoría”, dice Lau— que comenzaron la discusión del género.

Pero Lau no es una mujer casada con este concepto: “El género solito no sirve. ¿Por qué? Porque es neutro, sirve para discutir feminidades, masculinidades, identidad. Hablar de género sería la mejor manera de no hablar de mujeres. Para mí, el género es una categoría que me sirve para hablar de las mujeres”.

Después de la llegada del género a las universidades y ONG (“en las ONG hay muchas que viven del feminismo. Aunque yo también vivo del feminismo”, dice con ironía), hubo un giro interesante: aceptar la subjetividad.

“¿Qué mujeres estamos estudiando, de qué clase social son, qué estudiaron? Sólo así, con un conocimiento situado, el género es una herramienta, como la clase para el marxismo”.

Para acabar la sabrosa charla, le pregunto qué opina de la palabra feminazi: “Es horrible, pero además habla de un gran desconocimiento. No tienen idea de dónde surgió. Nació en EU, el locutor Rush Limbaugh la inventó porque dice que las mujeres que abortamos somos como los nazis: que matamos niños. Y es una palabra que habla de racismo, de misoginia, pero sobre todo de ignorancia.

“El feminismo es un movimiento social que ha permeado sin disparar una sola bala”.

Y, como remate: “A las feministas nos caracteriza la vida”.


 

Fuente: Eleconomista.com.mx


 

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