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De lo multisectorial a la medicalización del VIH, el cambio en las estrategias de prevención y control del VIH/SIDA en Chile.

Published On 8 Agosto, 2016 | Columnas

Por Patricio Novoa Valle. Asesor Metodológico de VIVO POSITIVO


Chile ha caminado desde una estrategia que combinaba la acción político comunitario en materia de prevención del VIH y una atención integral hacia quienes ya habían adquirido la enfermedad hacia un exacerbado predominio de la farmacología. De una compresión integral de problemática a una visión unilateralmente biomédica.

Este cambio no es antojadizo ni local, responde a estrategias propugnadas por el mundo médico y las compañías farmacéuticas, mundos que suelen ir de la mano en este tipo de enfermedades globales.

En Chile, la última “campaña de prevención social del VIH” realizada durante el primer gobierno de Michelle Bachelet invitaba principalmente a la toma del test de Elisa dejando en segundo plano el uso correcto y sostenido del condón.

Esta estrategia, basada en la premisa de que las personas ya contaban con la información necesaria sobre cómo prevenir la adquisición del VIH se mantiene inalterable hasta ahora. Los sujetos no internalizarían ni pondrían en práctica dichas acciones por lo que era necesario buscar otros mecanismos para frenar el avance de esta epidemia. El testeo y posterior tratamiento antirretroviral haría a las personas infectadas inocuas a la hora de vincularse sexualmente con otros. Esta política fue finalmente consagrada en la estrategia 90/90/90 (1) impulsada por ONUSIDA y aceptada casi unánimemente por todos los gobiernos.

Esta política es eficiente pero incompleta, pues al desconocer los componentes psicosociales que intervienen una enfermedad que en nuestro país  es casi de exclusiva transmisión sexual deja de lado la “conducta” de los sujetos, no considera sus trayectorias de vida, reportorios sexuales ni sus percepciones del riesgo. Este último elemento es esencial a la hora de implementar una política de pesquisa activa, pues de no mediar una percepción del riesgo en las comunidades afectadas, estas no estarían del todo motivadas a la realización periódica de test de Elisa.

Para complejizar más este escenario, la cobertura universal para el acceso a fármacos, ha disminuido la mortalidad por VIH/SIDA en Chile de manera extraordinaria. Pocas personas mueren a causa del SIDA. Lo que hace 15 años era una constante en la comunidad homosexual, ahora es una anécdota, no exenta de juicios negativos. Esta constatación disminuye aún más la percepción del riesgo, principalmente entre los más jóvenes.

Esta estrategia además no tiene ningún componente de género ni de multiculturalidad. Costo-eficacia es la consigna, aunque ni eso logra de manera adecuada.

Desde el punto de vista de la atención médica hacia quienes ya viven por VIH, tampoco ha habido una adecuación de los equipos tratantes ni de la infraestructura. Solo la provisión de fármacos a aumentado, no considerando ni siquiera del adecuado monitoreo (exámenes mediante) de la eficacia de las terapias.

Por ultimo también es importante señalar que se han desmovilizado  a un enorme contingente de actores sociales que se habían movilizado en la lucha contra el VIH, acción digitada desde los distintos gobiernos para evitar el control social a esta política deshumanizada e incompleta.

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